Alexis Sánchez, el que se alquilaba para jugar con los mayores

El delantero de Chile nació en una localidad pobre del norte de su país. Allí, limpió autos para conseguir dinero e hizo malabares con una pelota por toda la ciudad. A los 12 años les cobraba a algunos equipos amateurs para jugar para ellos.

En Tocopilla no hay escapatoria. En esta cornisa de mundo de algo más de 20.000 personas en el norte de Chile, el destino está marcado por la geografía. Esa población que vive en un cajón entre el mar y la montaña, a 1500 kilómetros de Santiago de Chile, tiene solamente dos caminos. El del oeste es mirar hacia las aguas y hacerse pescador. El del este es mirar hacia los picos y hacerse minero. Tocopilla es uno de los lugares de Chile en los que se hace más difícil acceder a grandes oportunidades que caminen por fuera de esos dos destinos de sacrificio. Es eso y sacarse las frustraciones en el bar, una y otra vez, en cada noche después del trabajo. El apodo de esa zona lo dice todo: Rincón del Diablo. La gente de Tocopilla, entonces, es un canto a pelear ante la vida. Es orgullo.

Alexis aprendió una sola cosa en toda su vida. No lo hizo así por ignorancia o porque despreciara al resto de las conductas de la vida. Él, acorralado entre la montaña y el mar hizo lo que haría durante todo el resto de su vida. Aplicó esa semblanza muy suya. Su única capacidad de base. Gambeteó. “Voy a ser el mejor jugador del mundo”, le dijo a Martina, su madre, esa que lo tuvo bajo su ala desde pequeño, en la soledad de criarlo por su cuenta, lavando ropa, limpiando peces o vendiendo mariscos.

El único juguete del pobre Alexis era una pelota. Por ella vivía cada vez que cruzaba esa casa de madera y adobe en su ciudad natal. Por ella se escapaba de la escuela a cada rato. Por esa haría todo lo necesario para sobrevivir. “Cada vez que alguien toma la pelota siento que me quita mi juguete. Entonces, sólo quiero recuperarla”, diría, desde otras latitudes del mundo, muchos años después. Así vivía el pequeño, con una pelota pegada al pie. Tan pegada la tenía, que hasta pedía dinero haciendo malabares y, como toda la ciudad sabía que no había otro niño con ese talento, darle algunas monedas era apoyar al hijo talentoso de esas difíciles tierras.

Todo Tocopilla sabía que el talento del chiquito era una chance para ilusionarse, pero el niño apenas tenía recursos. Por eso, su primer par de zapatos de fútbol vino de manos del mismísimo alcalde de la ciudad, un hombre de apellido Curtois, que admiraba el Araujo, el equipo en el que despuntaba Alexis. Tanto le fascinaron esos botines, que el gambeteador no aguantó y salió a jugar a la calle con un calzado con tapones altos, más preparado para el césped que para la calle. No serían los últimos que tendría de regalo.

A sus 12 años, Alexis juntaba dinero lavando autos en el cementerio de la ciudad, un trabajo que odiaba, pero que le permitía no tener que pedirle dinero a su madre. De a poco, comenzó a tener otro modo de vida. El pequeño se “alquilaba” para jugar torneos en Calama, a 200 kilómetros de su ciudad. Siempre pedía que le compraran calzado o ropa para jugar al fútbol a cambio de formar parte del equipo para el campeonato. Así mitigaba las terribles patadas que le daban esos hombres que no sólo lo aventajaban en décadas, sino que también cargaban enormes físicos. Fue allí que Alexis Sánchez supo lo que era aguantar golpes.

El camino de Alexis era una obviedad. En 2003, Cobreloa, el equipo de Calama, se lo llevó a la escuela de fútbol para cadetes que tiene en Santiago de Chile. A los pocos meses, el entrenador de Cobreloa, Nelson Acosta, lo puso en la Primera División. Luego de eso, terminó sus estudios secundarios y, a los 17 años, fue vendido al Udinese, que lo prestó a Colo Colo y a River. Finalmente, se puso la camiseta del equipo italiano y llamó la atención del Barcelona. Su presente, que lo enmarca como la gran estrella del Arsenal, se sostiene firme sobre aquellos ladrillos de adobe sobre los que construyó su infancia. El secreto de Alexis Sánchez fue gambetear al destino.

“Yo soñaba con arreglar Tocopilla entera. Hoy estoy mirando la manera de ayudar en lo que pueda a Tocopilla, alguna manera encontraré. He hecho realidad los sueños de aquel niño que jugaba en la calle contra los mayores, ¡que me daban unas patadas! Pero yo volvía a jugar contra ellos. Mi fútbol es el de la calle. Así lo siento”.

Fuente: https://www.pasionfutbol.com/noticias/Alexis-Sanchez-el-que-se-alquilaba-para-jugar-con-los-mayores-20160527-0062.html

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